viernes, 22 de junio de 2012

Dónde

 Dónde





Dónde

Quién sabe dónde van a parar las mañanas con lluvia gris, 
y las tardes con el sol  cansado, 
y las noches esfumadas en nubes blancas, 
y los días que pasan sin decir nada.
Quién sabe qué será del humo que se arrastra por el cielo, 
de las pálidas tormentas de verano, 
de las hojas perennes de los árboles (aburridas de su eternidad), 
y de todo aquello que estoy viendo al través de la ventana sucia, 
impregnada del polvo de los días, 
que me comunica e incomunica con el mundo exterior.
Lo que veo son reflejos, estímulos en mi nervio óptico...
quién sabe si existe lo que veo.
Dónde irán a parar aquellas voces que aúllan de dolor 

porque las alcanza la lluvia, 
aquellas piernas que corren desnudas y dan vuelta en la esquina, 
aquellos cabellos que empapados se sacuden la vida de encima.
...Llueve tan cansadamente que la mañana se parece a mí: 
está agotada de respirar el aire húmedo 
y expulsarlo en diminutas gotitas viajeras 
que como ángeles descienden de los cielos, 
agotada de inhalar y expirar las palabras absurdas.
Tal vez será que no importa para nada dónde van las cosas a parar,
a fin de cuentas el final es siempre el mismo y tarde o temprano pisamos
el borde entre ser y no ser.
Llueve, y es afuera como adentro.




©Paula Cruz




domingo, 17 de junio de 2012

Impalpable




Impalpable...


Cuando la tarde pone tu nombre en mi boca
se me desgrana la voz,
se me deshilachan las palabras.
No sé qué decir.
Tu nombre es ostia.
Tu nombre es agua.
Y cuando la noche lo enciende en mis labios,
como una estrella germinada,
se desdobla en mil pétalos
que se pierden en la nada.
No sé yo el por qué, ¿por qué?...
pero tu nombre se me escapa.

©Paula Cruz

martes, 12 de junio de 2012

Inter movimiento




Inter movimiento



Cada noche exprimo el alma en el tintero:
catarsis de nociones ebúrneas que,
con dureza increíble machacan mis silencios,
desintegran mis recuerdos.
No sé yo qué extraño mal me obliga,
pero me obliga, a seguir y seguir escribiendo.
Esta nocturna velada fueron tus ojos,
los que, sin permiso, verdugos inefables,
inquisidores tormentosos, me invadieron.
Tienes ojos de piedra, ¡tan herméticos!
Soslayan mis sentidos, me miran con desprecio,
y bajo su haz de luces verdosas, como ellos,
se desmenuzan y se integran mis deseos…
Con el alma conjugada en olvidos y recuerdos,
catalizo mi vida en ti, en tu ausencia…
Mientras… el tiempo juega a pasar muy lento…




©Paula Cruz



Pecado



Pecado



A veces siento la vida agostada en mi pecho,
un sendero de opacidades difuminado en mi lecho,
la garganta sin fin donde ríe el olvido,
los huertos donde las manos han cultivado el contacto,
las bocas que sorben mi sangre en la distancia
bordadas en recuerdos en los pensamientos vagos…
Siento que todo eso, como un jardín de malicias,
crece y crece y crece a mis costados…



©Paula Cruz
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